Filosofia Cristiana.

Como hace la filosofía propia del hombre, el cristiano también se interroga sobre el verdadero ser del hombre. Éste es definido, desde diferentes ópticas que lo reducen, muchas veces, a concepciones cuasi materialistas, prescindiendo de su dimensión trascendental. Sin embargo, la filosofía cristiana presenta la verdadera esencial del hombre.

 A. Enmanuel Mounier (1905-1950): Universitario, de familia cristiana, sensible a su mundo e inconformista ante todo aburguesamiento, Mounier, profundo creyente, lanzará, con su vida y con su obra, una llamada a la revolución y al compromiso que llevan a la salvación de la persona.

Su filosofía se llama personalismo. Esta filosofía se sitúa entre el espiritualismo y el materialismo. Frente a la dulcida división cuerpo y alma, Mounier concibe al hombre como un todo entero cuerpo y todo entero espíritu. Dirá también que el fin de la alienación económica no es el fin de toda alienación. Además, la persona supera el individualismo burgués y el colectivismo marxista. Para Mounier, la persona no es objeto de definición, sino de descripción: su vida personal, sus modos, sus caminos. Lo contrario de la persona es el individuo que engloba todas las maneras de vivir de forma no personal. La persona sólo puede llegar a ser persona en la comunidad: “Una comunidad es una persona nueva que une a las personas por el corazón”. Un individuo, que percibe a los demás como “algo”, no puede constituirse en comunidad, Sólo puede brotar una auténtica comunidad de la comunión de personas que perciben a los demás como “alguien”.

 Gabriel Marcel (1889-1973): El pensamiento de G. Marcel pertenece al existencialismo, al que imprimió un carácter cristiano. Para él, lo religioso constituye una categoría fundamental de la existencia, que se nos revela precisamente a través de la experiencia religiosa: existir es esencialmente participar en el Ser. En él estamos inmersos, y sin él la vida no tendría sentido.

Para Marcel, otra categoría fundamental de la existencia es la relación humana. Pero la relación humana, la apertura al tú, la relación con el “otro”, lleva necesariamente a la relación con Dios. El amor, la fidelidad y la esperanza son signos de la presencia del misterio de Dios en la vida.

“Misterio” es para el hombre la existencia, el “ser” y Dios. Para acercarnos a él no basta el pensamiento lógico, sino dimensiones espirituales como la fidelidad, la esperanza.

 

BIOGRAFIA de Enmanuel Mounier

BIOGRAFIA de Gabriel Marcel