Perfil del Monje - Guerrero

Por Victor Hugo Bassino 

25/01/2015 - La meta de la reforma gregoriana, consiste en liberar la Iglesia del dominio de los laicos, asegurando el poderío material de la Iglesia. La disputa entre el Pontificado y el Imperio por la posesión del derecho a entregar a los obispos el báculo y el anillo, símbolo de la autoridad episcopal, "querella de las investiduras", mantenía en tensión al cristianismo. Dentro de una dimensión religiosa, se estaba con o contra el Papa. Gregorio VIl incita a los laicos a ponerse al servicio de los fines políticos del papado, reuniéndose en una Militia Christi. San Pablo ya se había referido al combate espiritual del soldado de Cristo, En los siglos V y VI, la militia estaba representada por el clero secular, que combatía por la fe en el siglo, distinguiéndose de los monjes. Gregorio VIl, invita a la lucha prometiendo la remisión de los pecados a todo aquél que defienda el patrimonio de la Iglesia. La Iglesia ofrecía a los cristianos, una vía de salvación original: combatir a los enemigos del orden cristiano, ya que hasta entonces sólo podían redimir sus pecados asociándolos al orden monástico.

Cuando Urbano II en el Concilio de Clermont (1095) predica la necesidad de liberar los Santos Lugares, la cruzada constituye una auténtica peregrinación al encontrar amplio eco en monarcas, príncipes y en el pueblo llano. Los cruzados son peregrinos, penitentes. La peregrinación penitencial es el signo de una espiritualidad nueva, nacida con el monacato cluniacense, significa una expiación colectiva, expresa una fe sincera, una viva sensibilidad, pero lanza a los caminos la hez de la sociedad. La cruzada integra este dato asociando a su combate a los peregrinos, que lo aceptan durante sus estancia en Oriente o reclutando a balarrasas de Occidente que se incorporan a la peregrinación, al existir una gran necesidad ce combatientes en los estados latinos.

La Orden del Temple es una institución original, que representa de manera permanente el modelo de la Caballería de Cristo, una Orden que reúne bajo un mismo techo las funciones de monje y de guerrero eliminando todo antagonismo entre ellas, una orden que encarna de
forma permanente y no por un tiempo dado, como sucedía con las cruzadas, la ideología de guerra santa.

La singular figura del monje guerrero, forma sublimada del caballero medieval, es un sincretismo de lo espiritual y de lo secular de su tiempo y tiene su máxima vigencia en la Baja Edad Media, en una trayectoria dentro de una sociedad, donde las empresas guerreras políticas se hallan fuertemente impregnadas de sentimientos religiosos. El catolicismo que preside la cultura occidental al extender el tejido de su liturgia unificada, actúa de elemento cohesivo europeizante, facilitando la interrelación de los países occidentales. Durante la Baja Edad Media, resultaba difícil aceptar la idea del monje guerrero en el pensamiento popular de la época, al ser términos difícilmente conciliables en épocas anteriores. La justificación en dicho pensamiento, extiende sus raíces en el esbozo que hizo por primera vez, San Agustín, de guerra Santa, en la teología cristiana, compatibilizando el espíritu militar con el espíritu cristiano del sufrimiento estoico. Quienes redactaron las Ordenes Militares y los censores del Papa para contrarrestar la actitud orante y la pasividad evangélica, con la lícita violencia de repeler la agresión o de integrarse en una guerra defensiva, permitiera iniciar la acción violenta para imponer su orden justo o restablecerlo.

La idea del monje apto para la guerra, ya existía antes de que los templarios la pusieran en práctica, puesto que con motivo del enfrentamiento entre el Papa Gregorio VII y el Emperador de Alemania Enrique IV, se había planteado la necesidad de crear una Milicia de Cristo. Urbano II, al predicar la 10 Cruzada en 1095, afirmaba que cualquier participante podía convertirse en caballero de Cristo. El paso histórico de su creación, corresponde a Hugo de Payns y a sus caballeros, haciendo realidad la idea del monje-guerrero. La Orden Templaria, fue la primera orden militar, ya que la de San Juan de Jerusalén aceptada por Pascual II en 1113, había nacido dedicada por entero a las actividades del hospicio. La realidad se anticipa a la elaboración teórica, a la justificación teológica, en la que tuvo una gran intervención Bernardo de Clairvaux. Nace el monje-guerrero dentro de un gran desarrollo de las Ordenes Monásticas, consecuencia del ambiente religioso de la época. El ideal del guerrero templario, nacía de la motivación religiosa de la guerra de las cruzadas, objetivada por la protección de peregrinos penitentes. El ideal del monje encontraba sus raíces en la regla benedictina, estableciendo desde el principio, una proximidad espiritual entre cistercienses y templarios.

 

Fuente:Temas de Estudios Templarios Fernando de Toro-Garland