Los Metodos de Combate en Oriente

 Por Victor Hugo Bassino 

28/12/2014 - Los Caballeros de la primera cruzada, emplean el combate a caballo. El herraje, la silla y los estribos, dan al caballero una seguridad que multiplica su potencia de choque cuando carga y son conocedores de la arquería. En Oriente, el adversario da prioridad a la movilidad y al combate a distancia. Frente al pesado caballero latino, se opone el arquero montado de los ejér­citos orientales. Frente a la carga de la caballería, se opone una lluvia de fle­chas de las fuerzas de Oriente. En un principio el caballero latino lleva una cota de malla, confeccionada con placas aplicadas a una tela o cuero, sien­do sustituida por el jubete, más ligero y flexible, malla con pequeñas anillas de hierro cubriéndole desde la cabeza hasta las rodillas. Para proteger la armadura del sol, el caballero se cubre con una túnica de tela. La cabeza se protege con un yelmo o casco cilindrico o redondo. La nariz es resguardada por un nasal y una serie de placas preservan el cuello. Un escudo triangular, grande y alargado y con los tiempos más reducido y manejable, completan la protección.

En el combate, los caballeros se agrupan en: lanzas-banderas o en bata­llas. Emplean tres oleadas en la carga, sirviéndose de una lanza: las dos pri­meras para deshacer las filas del enemigo, y la tercera para defenderse. Los templarios actúan bajo las órdenes del Maestre, reunidos en escuadrones, dirigidos por los comendadores detrás del Beauseant.

Los peones, defienden a los caballeros y resto de las fuerzas disparando sus flechas y

protegiéndoles de las del enemigo y a su vez, son apoyados por las lanzas de los caballeros contra infiltraciones del adversario.

Se crearon los turcoples, reclutados entre los cristianos indígenas, mandados por el turcoplier, constituyendo una caballería ligera que combate al estilo turco, a mediados del S. XII.

Los templarios utilizaban los desplazamientos en columna, por resultar sumamente eficaces contra el acceso de la arquería montada. En vanguardia y retaguardia, va la Orden y en el centro del grueso de la tropa con carros, material y provisiones, flanqueado por la infantería protegida con sus escudos.

Tras el desastre de Hattin, Saladino se apodera de todo el reino apenas sin oposición, al estar las plazas fuertes, privadas de defensores. Tras neutralizar Acre, cae Jerusalén, que fue recuperada en virtud de un tratado entre 1229 al 1244.

La defensa del Reino de Jerusalén, estrecho corredor paralelo a las costas del Líbano e Israel, no era fácil, ya que los musulmanes se concentraban en su terreno con inagotables recursos humanos, mientras que los cristianos se habían desmembrado en un inestable conglomerado de Estados feudales, unidos por relaciones de vasallaje, aunque separados por rencillas étnicas, intereses contrapuestos y ambiciones personales.

El rey ante la escasez de tropas, delega en las Ordenes Militares la defensa de sus fronteras inseguras. Las Ordenes se convierten en verdaderos ejércitos de élite.

Las disciplinas del ejército templario en Tierra Santa, se refleja en su regla. Su adaptabilidad al modo de combatir de sus enemigos grande. La gran eficacia de los arqueros musulmanes era el resultado de la combinación de armamento ligero y de la movilidad. Los arqueros estaban provistos de arcos potentes y de rapidísimos ritmo de tiro, que les permitía inundar el cielo con una densa lluvia de flechas, contra los cristianos, desde sus corceles al galope. Sus veloces caballos, la ligereza de sus equipos y la capacidad de maniobrar, les permitía realizar toda clase de fintas, maniobras envolventes, hostigamientos y maniobras de dispersión, lejos del campo elegido por los cristianos, sobre un terreno desigual y quebrado, para atomizar la lucha en un número de enfrentamientos variable para restar eficacia y hacer más vulnerable a la masa de peones y arqueros musulmanes, desmoralizando a las filas cristianas, hasta que supieron adaptarse a estas nuevas modalidades de combate.

El Beauseant, bandera blanca y negra de la Orden, señalaba el punto de concentración del combate durante la batalla, especialmente protegido por una élite de caballeros, al ser considerado el que materializaba el honor de la Orden. El alférez, llevaba enrollado en la lanza el gonfalón de repuesto, en caso de que cayera en poder del enemigo.

El estandarte actuaba como un poderoso imán, en medio de la espesa polvareda de las cargas y del griterío y estruendo de la batalla.

La batalla continuaba, mientras el Beauseant, flameara. Si desaparecía, los templarios debían obedecer la bandera hospitalaria y en su defecto cualquier otra cristiana. El templario no podía rendirse ni dar cuartel al enemigo. Teóricamente, no podía ser prisionero, tampoco debía esperar ser rescatado por la Orden. Normalmente, eran decapitados tras ser sometidos a torturas.

 Fuente: Temas de Estudios Templarios; Fernando de Toro Garland