Nuestro Proposito

Nuestro proposito rector, es iniciar al hombre en un camino de conocimiento de si, apoyandonos fundamentalmente en el mensaje y valores cristico como via de trasformación.

  • Somos humildes soldados de Xpto y nuestro compromiso es servir a la humanidad y no ser servidos por ella, quien no lo crea así profundamente no debe ser llamado Templario.
  • Ayudar a la humanidad a cambiar su conciencia,  cambiando primero nosotros mismos.
  • Practicamos y enseñamos un método iniciático para la realización interna del ser humano.
  • Fomentar el desarrollo espiritual e intelectual de los hermanos y la comunidad, mediante un programa interrelacionado de dos vías claras, uno interno y otro externo. 1°  por medio de estudio teórico-práctico, donde la comunión entre ciencia, arte, filosofía y mística, es un lugar para ayudarnos a crecer en valores, en la comprensión de si mismo y del prójimo y 2° vía, de acción y trabajo desinteresado hacia la comunidad, donde la practica y rescate los valores más elevados del ser humano, son nuestra guía rectora con los cuales nos debemos desenvolver en el mundo, porque sin valores éticos la vida estaría completamente vacía, sin trascendencia y sin la realización del Ser interior profundo.
  • Alcanzar los nobles ideales Cristianos promoviendo mediante el ejemplo, el amor y respeto al prójimo.
  • Hacernos carne, en pensamiento, palabra y acción, la oración del hermano Francisco.
  • Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
  • donde haya odio, ponga yo amor,
  • donde haya ofensa, ponga yo perdón,
  • donde haya discordia, ponga yo unión,
  • donde haya error, ponga yo verdad,
  • donde haya duda, ponga yo la fe,
  • donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
  • donde haya tinieblas, ponga yo luz,
  • Apoyar la unidad interreligiosa basada desde el Cristianismo y no desde una iglesia en particular.
  • Considerar a todo lo creado en el universo como parte de nosotros mismos en un palabra somos el universo y el habita en nosotros.

Volver a los valores.

También proponomes volver al origen de los valores  eticos y espirituales:

 

Hubo un tiempo que fue hermoso y fui libre de verdad, guardaba todos mis sueños en castillos de cristal. Poco a poco fui creciendo, y mis fábulas de amor se fueron desvaneciendo como pompas de jabón…” Canción para mi muerte, Sui Generis

 

En esta realidad hubo un momento o punto de inflexión que no fue natural, sino producido con una intención y un fin determinado, ese momento fue en el año 1983 cuando el evento posibilitó llevar a cabo uno de las agendas más siniestras y macabras desde el acuerdo del Pacto. En Montauk Point en 1983 la realidad en que vivíamos fue cambiada y nada volvió a ser igual. Hubo un tiempo donde la palabra era suficiente para cerrar un trato, donde la vereda era el parque de juegos de los niños, donde los domingos era motivo de reuniones familiares y la mesa un altar del alma, donde las bolitas (canicas) o las muñecas tenían el valor justo del sacrificio para poder comprarlas, donde una bicicleta era la mayor felicidad, donde las películas de los sábados eran en blanco y negro y el valor estaba en el argumento y no en los efectos especiales, donde los tres chiflados representaban el inocente humor de nuestra niñez, donde el video juego estaba en las espadas de palo en el baldío de la esquina, donde un vecino era un amigo que festejaba junto a nosotros las fiestas, donde la escuela era el segundo hogar, donde se educaba por amor al niño y la educación no era una prisión de adoctrinamiento por amor al sistema, donde la merienda era con leche de verdad y no con un producto sintético y vitamínico ordeñado en un laboratorio, donde el almacén era de Don Pepe y no de Walmart, donde la comida era comida, donde la verdurita para el cocido la regalaban, donde Facebook era las tardes de verano en la casa del que tenía pelota, donde una selfie no tenía sentido porque nunca nos mirábamos al espejo, donde una foto con los amigos era en una fiesta en algún cumpleaños, donde todos se sentaban a la mesa para comer, donde decir amigo era decir hermano, donde hasta los delincuentes eran humanos y no demonios, donde los valores morales estaban por encima de los valores económicos, donde la familia era el núcleo de la sociedad, donde el sueldo del padre alcanzaba para vivir y ahorrar, donde la mujer era mujer y el hombre era hombre, donde se cumplían los roles con orgullo y responsabilidad, donde se cantaba a la bandera cuando se izaba por la mañana y cuando se bajaba por la tarde, donde el patriotismo no estaba en la patria sino en el orgullo de pertenecer a una sociedad valedera donde el prójimo era considerado como parte de un todo y se velaba por su crecimiento y bienestar.

 

El mundo cambio en 1983 y hay que volver a lo que se dejó, volver a cambiar, hay que volver a esos valores perdidos, a esa responsabilidad natural, a esa felicidad innata del niño que aún ama la vida. Ahora, todo nos arrastra al agujero negro de la inconsciencia programada y al vale todo, a la postura corporal del “vean que hermoso y canchero que soy”, al juego peligroso del “vean lo valiente y arriesgado que soy”, al gesto y vestimenta del “vean qué onda que tengo”, al ridículo del “vean que idiota pero famoso que soy”, al videíto tonto de youtube, a la fotito con piquito del selfie de facebobo, a la jarrita alcohólica de la “previa” del fin de semana, a la ropita grande y gorrita torcida del imitador de USA de la esquina, al me fumo un porro porque lo domino y está de diez, a la gran parodia de la realidad armada para la total degradación de la sociedad. 

 

Volver a la línea original no es tarea fácil, pues las energías en contra son tremendas y exige voluntad, compromiso, decisión, docencia, pero sobre todo, amor, amor a nuestro prójimo, a nuestros hijos, a nuestra patria grande, a nosotros mismos pero sobre todo, amor a la vida, un amor que se perdió desde el momento que se perdió la Humanidad. La experiencia del Grupo de DDLA en Facebook me ha mostrado lo difícil que es luchar contra la inconsciencia, lo difícil de no ser drenado hasta las entrañas de energía por un monstruo que sólo quiere más y más, lo difícil que es mantener al conjunto equilibrado y consciente, lo difícil de no ser consumido por las pasiones de las exo y endo energías que produce la necesidad de protagonismo que Facebook promociona con cada inconsciencia de los que participan, lo difícil de transmitir el despertar en un medio creado para la fascinación, lo difícil de ser SER en un terreno de egos. Creo que no debemos entregar más energía que la necesaria a ese monstruo y a esta falsa realidad hasta que logremos volver a la nuestra, la que nos robaron en 1983, volver al origen desde el presente, modificando el pasado para que nuestro futuro sea el presente del Dragón. 

No daré tregua a quien intente impedir este propósito de volver al origen de nuestra felicidad, porque “el futuro existe y ya pasó” pero hay que manifestarlo para que sea presente y podamos disfrutar nuevamente de su gloria.

La Fraternidad

Y todo lo expuesto consolidado en la unión en Cristo: La Fraternidad.

Nosotros los Templarios adoptamos como Principios que guían nuestra vida cinco axiomas que consideramos los más importantes: Amor, Compasión, Caridad, Justicia y Fraternidad. Demás esta decir, conceptos amalgamados en la esencia del cristianismo.  Podemos observar que  cada uno de estos Valores o Principios involucran a un Otro, no tienen razón de ser si son para volcarlos solamente en uno mismo. Si nos detenemos a pensar  en todos los Valores que consideramos formar parte de una Humanidad (Generosidad, Verdad, Honestidad, Compromiso, Humildad, etc.) estos cobran sentido en relación a un Otro, o mejor dicho aun, en relación a un Nosotros.

Sin duda  si queremos vivir bajo estos principios o valores se necesita un Nosotros. Nuestra Orden es ante todo “un Nosotros”, una Fraternidad, mujeres y hombres Hermanados por Cristo. Esta Fraternidad presentan dos aspectos para ser vivida: el sentirnos Hermanados en el afecto y atención que nos profesamos y la tarea que nos une por un fin trascendente a nosotros mismos. Tanto en un aspecto como en el otro simplemente estamos comprometiéndonos  como cristianos. 

Quizá conozcan el concepto de Ubuntu. Ubuntu en una filosofía de vida. Proviene de la cultura/tribu africana xhaosa. Es también de alguna manera un conjunto de reglas éticas cuyo eje central es considerar al Ser como producto de un Nosotros. Una de las traducciones de la palabra Ubuntu es “Soy porque Nosotros somos”, dicho de otro modo “logro mi humanidad por los otros y en función de los otros”. Nelson Mandela era originario de la cultura xhosa, y toda su práctica estuvo signada por esta filosofía: la importancia del Otro y el Bien Común como política de estado.

Fraternidad y Ubuntu en esencia son sinónimos; por ejemplo incluirían el famoso precepto “todos para uno y uno para todos”, y también “la alegría de uno es la alegría de todos y las penas de uno son las penas de todos”. Tanto en una Fraternidad como en la aplicación de la ética Ubuntu la ayuda mutua, el bien común, no es “una idea”, “una expresión de deseo”, es una organización en acción. 

¿Pero por qué a la sociedad actual le cuesta (nos cuesta) tanto transitar esta experiencia?

Por momentos parecería que estamos lejísimo de integrarnos a nuestros semejantes, sobre todo en las grandes ciudades donde una pared nos separa de una familia de la cual quizá no sabemos ni sus nombres.

No son muchas las personas que se nuclean para mejorar nuestras vidas de conjunto. Sin pretender hacer campaña (aunque sería algo necesario) para unirse a una ONG o instituciones de bien publico, me pregunto ¿Por qué cuesta tanto juntarnos con nuestros vecinos, compañeros de trabajo o incluso con nuestra familia para trabajar en alguna causa noble? 

Con todo lo dicho vale mencionar que una de las cosas que nos proponemos los Templarios actuales es animar a cada “individuo” a formar un “Nosotros”. ¿Por qué? Porque aislados, encerrados solos en la idea de satisfacer nuestras necesidades (materiales, personales, familiares, laborales), encerrados en lo que creemos que es nuestro mundo, nos estamos perdiendo conformar una Humanidad. Queremos así en este artículo plantear  la necesidad de revisar nuestros actos, en la medida de nuestras posibilidades, ante aquellos Principios que hacen a una Humanidad: Amor, Compasión, Caridad, Justicia, Fraternidad, Generosidad, Verdad, Honestidad, Compromiso, Humildad. Seguramente muchos pensaran “bien… todo muy lindo pero yo soy un tipo/a honesto/a, trabajo sin parar y me ocupo de mi familia… Yo cumplo” Y está bien  ocuparnos con gusto por la gente que amamos y ser buenos tipos, además es nuestra responsabilidad. Pero millares de especies animales hacen casi lo mismo con sus miembros, y algunas lo hacen aun mejor. La Humanidad es otra cosa.

Por todo lo expuesto, quiero compartir con ustedes una frase del Evangelio de Juan que me parece reveladora, en cuanto a la esencia del cristianismo: “La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos”Jn 15, 8.

Nosotros tenemos un lugar en la Creación. No somos pasajeros o visitantes, menos aun huéspedes que esperan ser atendidos. Nosotros, todos, venimos para “participar” de la Creación, “dando buenos frutos”. Hacer buena obra en nuestro círculo íntimo (familia, amigos) es imprescindible, pero no es suficiente. Lo único que nos pide Dios, la Gran Ley del Universo la Pacha Mama o como quieran llamarlo, es que construyamos una Humanidad, valiéndonos de los Principios mencionados más arriba. Hacerlo no es nada fácil, es una pequeña lucha que tenemos que dar todos los días.

Les proponemos empezar formando un grupo, si, un grupo de gente amiga (y después vallan sumando), y ponerse a trabajar. ¿En qué? En algún proyecto solidario. ¿Por qué? Porque cuando empezamos a Dar empezamos a vivenciar una energía muy poderosa que es la Fraternidad. Comencemos a “agrandar” el Nosotros, y todo lo demás nos resultara más fácil.

Fr+ Marcelo Villar