La Mision de la Flota Templaria

Por Victor Hugo Bassino
9 Nov 2014 ¿Cuál era la misión de la Flota?, si los templarios tenían la posibilidad de explorar América, y si podría ser posible de que esta información del «nuevo continente», de sus rutas y de sus riquezas, estuviera guardada mantenida en secreto.

  Aunque no hay pruebas contundentes para responder afirmativamente estas preguntas hay muchos elementos que nos permitirían hacerlo. Es decir sí, contaban con una flota, sí, el armado de la flota fue una de las prioridades luego de la fundación de la Orden, sí, tenían el conocimiento de América. «¿Para qué los Templarios necesitaban una Flota?» Es decir, ¿qué rol ocupaba la Flota en la obra de la Orden? Intentaré proporcionar algunos elementos que me llevan a conjeturar las siguientes hipótesis: no era una Institución dentro del Temple la navegación; es decir, no tenía la Orden una estructura naval organizada. 

La Flota Templaria no fue una fuerza naval del Mediterráneo. No tuvo un rol militar. No era numerosa. Los Caballeros no eran navegantes en el sentido que lo dicta su naturaleza, como en el caso de los griegos, vikingos, normandos, o con más utilidad para nuestros estudios, no eran navegantes como los genoveses o venecianos. Personalmente no he encontrado registros de Caballeros Templarios navegantes, es decir, caballeros que tuvieran el oficio de operar o comandar un barco. Hay cinco acontecimientos que considero sumamente significativos. El Primero. En 1187, el Papa Gregorio VIII decide impulsar la 3ª cruzada. Entre los monarcas que se adhieren principalmente Guillermo de Sicilia, Felipe Augusto II de Francia y el rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León.

 Guillermo de Sicilia, gran impulsor de la cruzada, decide preparar y organizar una gran fuerza naval. Logra por ello zarpar hacia Tierra Santa con 50 naves. El rey de Francia Felipe Augusto embarca en Génova tiempo después hacia oriente, con flota genovesa. Estamos hablando del Rey del país nativo de grandes figuras Templarias. Los Templarios no participaron en esta flota. El segundo acontecimiento que considero relevante. 

En 1248, se gesta la cruzada de Luis IX de Francia. Este también decidió organizar un gran poderío naval, lo suficiente para tomar no sólo Tierra Santa, sino también una gran deuda que siempre estuvo pendiente (y que por negociados de genoveses y venecianos se frustró en más de una oportunidad) que era la toma de Egipto. La empresa de estos preparativos se consideran una descomunal obra de este Rey, para ello hasta creó un nuevo puerto que fue el de Aigues Mortes, en Francia. 

El tercero. Luego de la infructuosa Cruzada de Luis IX, el Papa Gregorio X, en 1274, decide convocar el II Concilio de Lyon para organizar una nueva expedición para liberar Palestina. Ya las condiciones para ello no estaban dadas. El Papa intentó reconciliar a los monarcas europeos para su participación, pero sólo asistió al concilio el Rey Jaime I de Aragón. Gregorio X realmente tenía muchas en contra. Las disputas personales entre Reinos habían hecho olvidar el espíritu de las primeras Cruzadas; además empezaban a circular en el viejo mundo ideas detractoras de «la guerra en nombre de Dios».

 El cuarto: La caída de Acre. No voy a mencionar los detalles de estos episodios sumamente interesantes, incluso que ayudarían en muchos puntos a sostener mis hipótesis. Pero me limitaré a mencionar dos datos. 

El primero: Ya en 1287 el Temple sabía que Tierra Santa estaba perdida. Al Fakir, un emir espía de los Templarios, sabía del poder y las intenciones de Qalawun, el sultán que dará el gran golpe a Acre en 1291. El Gran Maestre Guillermo Beaujeu hizo todo lo que pudo para resguardar a la Orden en oriente, hasta su final espada en mano durante la caída de la ciudad. El segundo: El Temple tenía en Acre más de una fortaleza o guarnición junto al mar. Acre era una gran ciudad fortificada, naturalmente adaptada para ser aprovisionada por mar.

 El quinto. Luego de la caída de Acre en 1291 el Temple entra en una serie de maniobras aparentemente imprecisas desde el punto de vista estratégico que bien vale la realización de una investigación aparte. Luego de Acre lo que había quedado de nuestros Caballeros intenta reagruparse en Sidon y en Tortosa, luego en el Castillo Peregrino para terminar esperando «una nueva toma de Jerusalén» en Chipre. Mientras estos acontecimientos lamentables ocurrían, según nos cuenta Regine Pernoud en su libro Los Templarios, Jaime de Molay había partido a pedir ayuda a Europa.

 Según afirma Pernoud, tres objetivos perseguía el Gran Maestre: Alentar una nueva Cruzada con un bloqueo a Egipto incluido; Pedirle al Papa Bonifacio VIII la devolución de propiedades perdidas en Chipre; Construir cuatro naves. De todo esto sólo consiguió que se le construyan cuatro naves. Fuente: La Flota Templaria Fr+ Marcelo Villar