Comunidad Esenia

Los Esenios y Los Templarios

Por Victor Hugo Bassino
 
5 Oct 2014 Por virtud de su contacto con las culturas islámica y judía, los templarios habían absorbido ya muchísimas ideas extrañas a la cristiandad romana ortodoxa. Sus maestres, por ejemplo, empleaban a menudo secretarios árabes, y muchos templarios, que habían aprendido el árabe en cautividad, dominaban esa lengua. Mantenían también una estrecha relación con comunidades, intereses financieros y el saber judíos. Los templarios se hallaron vinculados a muchas cosas que ordinariamente no amparaba Roma. 

A través del influjo de los miembros cátaros entraron también en contacto con el dualismo gnóstico, si es que antes les había resultado extraño. Mediante tales asociaciones los templarios habrían sido capaces de acceder a buena parte de las doctrinas esenias, tal como llegaron a penetrar en conceptos gnósticos y cabalísticos. Los templarios sólo podían abordar en secreto tales estudios esotéricos y bajo estricto compromiso de silencio. 

Pero alteraron todo el carácter de la Orden, y no dejaron de surgir filtraciones y rumores de que el poder de los templarios había llegado a residir en artes y conocimientos, según la opinión común, siniestros. Como sabemos, los cátaros tenían en gran estima el libro de Barlaam y Josafat y durante la Edad Media llegaron a Occidente algunos de los textos de Asaph.

 Por lo que se refiere al dualismo gnóstico, que influyó en los cátaros, tenía positivos antecedentes esenios. Entre las Odas de Salomón, consideradas producto del gnosticismo valentiniano, hemos encontrado un salmo comparable con los Salmos de Acción de Gracias de los manuscritos del mar Muerto, que algunos estudiosos creen obra del misterioso Verdadero Maestro. ¿Es posible penetrar aún más en los arcanos de los templarios, basándonos en los datos que han sobrevivido? Al comienzo del siglo XIV, Felipe IV de Francia, en aras de sus propios intereses, procedió contra los templarios, contando con la cooperación del papa Clemente V.

 En Francia, los templarios detenidos fueron sometidos a juicio y en muchos casos a tortura. Se obtuvieron extrañas confesiones y se formularon acusaciones aún más extrañas. Por todo el país comenzaron a circular horribles rumores. Los templarios adoraban supuestamente a un demonio llamado Baphomet. Se decía que en sus ceremonias secretas se postraban ante la cabeza de un hombre barbudo que les hablaba e investía con poderes ocultos. Jamás se vio a los testigos subrepticios de esas ceremonias.

 Parece que los templarios, bien a través de los cátaros por su cuenta, tuvieron acceso a la mitología gnóstica que, a su vez, procedía de interpretaciones cosmológicas extremadamente antiguas. Hay un eco al respecto en la Biblia, Proverbios, VIII, en donde se dice que la Sabiduría (femenina), como el masculino Logos (Verbo) del Evangelio según San Juan, estuvo en el Principio con Dios y junto a El cuándo creó la Tierra. Pero en los Proverbios la Sabiduría contrasta con la Locura, representada en el capítulo anterior por una adúltera con atavío de ramera. Mientras que en los sistemas gnósticos la Sabiduría era apresada por los Poderes del mundo material y obligada a prostituirse. El Hombre Arquetípico apareció en la Tierra’ para redimirla y de ese modo «restaurar Recosas».

 La doctrina simoníaca (de Simón el Mago) equiparaba a Sophia con Ennoía (el Primer Pensamiento) de Dios, según un himno gnóstico: Pasó de un cuerpo a otro, Siempre padeciendo en el trance. Y al final de todo Se manifestó como prostituta. Esta es la oveja perdida. Por ella vino l. Para liberarla de sus ataduras Y ofrecer la salvación a los hombres A través de su reconocimiento. Simón el Mago afirmó haber descubierto la «oveja perdida» en una prostituta de Tiro llamada Elena, y fue con ella, él como el Hijo y ella como la Luna (Selene). 

Es mucho lo que cabría averiguar aquí, pero nos desviaría de nuestro empeño. Podemos advertir, empero, que el aspecto pagano del mito gnóstico es que los simoníacos adoraban Elena como Atenea (Diosa de la Sabiduría), quien a su vez se identificaba en Egipto con Isis. Plutarco declara que Isis recibía a veces el nombre de Sophía y en un papiro de Oxyrhynchus se identifica a Isis con la siria Astarté.

 Cabe desde luego, remontarse hasta «la antigua diosa babilónica Inanna, que descendió al mundo inferior y fue maltratad en sus siete puertas. Parece haber pocas dudas de que la cabeza templaria de una bella mujer representa a Sophía en su aspecto femen no de Isis y que estaba vinculada con María Magdalena en la interpretación cristiana. Los orígenes mitológicos y cósmicos fueron tal vez conocidos por los templarios en u grado apreciable. Entre sus ilustraciones, HBHG publica el sello de la rama británica de la Orden en el año 1303.

 Fuente El Enigma de los Esenios Hugh Schonfield