Cristianismos Primitivos

En este sector encontraremos las distintas posiciones sobre Cristianismo de los primeros tiempos, es posible que el visitante a la página se sienta incómodo al ver lo que aqui se presenta, pero recordamos que son posturas y puntos de vista a veces antagónicas sobre este tema tan apasionante, la inslusión de este material radica en tener una vision amplia y no estructurada sobre los comienzos y evolución del cristianismo, pues no existió una corriente principal y homogénea, esta idea es acorde a nuestra postura ecuménica, en este caso se presentan una de varias ramas del pensamiento gnóstico primitivo, vinculado al helenismo y a los cultos mistericos de la época, realizando una interpretacion sobre la figura y el mensaje de Jesus y otra es la doctrina de la iglesia apostólica romana, frente a la diversidad de tendencias y su vision de la figura de Jesus. Para nosotros ambas de igual valor testimonial que enrriquecen nuestra vision del Cristo. Es un espacio para que cada quién evalúe en su fuero interno ya que nuestra Orden es Cristiana, Mariana, Ecuménica y Esotérica.

El gnosticismo Cristiano

Iglesia Oriental

Autores y Maestros, en los Siglos II y III.

  Desde los primeros siglos conocemos dos tipos de liderazgo eclesiástico:los mártires, que dieron testimonio de su religión sufriendo y manifestando a través del mismo la Causa por la cual habían vivido y luchado, y los apologistas, que escribieron encendidos y sistemáticos alegatos y escritos con basamentos teológico y filosófico en defensa de sus creencias, fundamentando sus no tan comprendidas posturas sobre la Nueva Divina y del papel (por mandato de Cristo) que estaba llamada a cumplir la comunidad de fe o la Iglesia.

            Entre los mártires, San Ignacio de Antioquía (muerto entre 107‑117) es la más viva figura. Poco se sabe de sus orígenes, de su conversión e incluso delas circunstancias que condujeron a su arresto y condenación, pero todavíapodemos oír su voz regocijándose al borde del martirio y poseemos en sus Cartas una singular revelación del estado mental del mártir.El anciano obispo escribió siete epístolas durante su lento y dolorosoviaje, preso en cadenas, de Antioquía, el lugar de su nacimiento en Cristo, a Roma,la escena de su muerte. Dirigió sus cartas a diferentes comunidades cristianas,exhortándolas a permanecer fieles al Evangelio y a obedecery a venerar a sus maestros y pastores. En su Epístola a los Romanos dijo:“Escribo a todas las Iglesias y hago saber a todos mi última voluntad, quedeseo morir libremente por Dios, si no lo evitáis al menos. Os suplicoque no malgastéis condolencia alguna por mi causa. Dejadme ser cebo para los animales salvajes, al objeto de que me hallen como el puro pan de Cristo, o más bien que incite a los animales salvajes a convertirseen mi tumba, sin dejar que nada de mi cuerpo sea un peso para nadie despuésde mi muerte. Entonces seré discípulo de Jesucristo en el verdadero sentido de la palabra, cuando el mundo no vea ya ni siquiera mi cuerpo. Rogad por mí a Cristo, para que mediante estos instrumentos su un grato sacrificio a Dios” 6.

            En la última parte de la misma epístola escribió: “De Siria a Roma luchócon los animales salvajes por tierra y mar, de noche y día, sujeto a diez leopardos,quiero decir a una banda de soldados que, aunque tratadoscon amistad, se hacen tanto más crueles. Sin embargo, por medio de estas injurias me estoy convirtiendo en un verdadero discípulo. Que nada visible o invisible me impida alcanzar a Jesucristo. Venid vosotros, el fuego, la cruz, la lucha con los animales salvajes, la cercenadura y el despedazamiento, la dislocación de huesos, la mutilación de mis miembros, la trituración de todo mi cuerpo; vengan sobre mí todos los perversos tormentos del diablo, pero dejadme gozar la presencia de Cristo.”

                        La epístola de un testigo de vista, describiendo el martirio del más joven contemporáneo de San Ignacio, San Policarpo, obispo de Esmirna (muerto en 156),y algunos de sus compañeros, presenta un cuadro similar de exaltación y fortaleza. El autor anónimo escribió: “No se puede por menos que admirar su nobleza y resistencia y amor al Maestro. Hablo de los hombres a quienes de tal modo torturaron con el látigo, que sus cuerpos quedaron abiertos hasta las venas y arterias. Sin embargo, lo resistieron, hasta el punto de que todos los que estaban viéndoles se apiadasen y se lamentasen de su suerte. Ninguno de ellos suspiró ni gimió, pues el Señor se hallaba a su lado y les consolaba” 7.

            Estos documentos contemporáneos revelan el dilema con que se enfrentaban las autoridades romanas, que deseaban desacreditar el cristianismo y afirmar el derecho del Estado a dominar las creencias de sus ciudadanos, pero nunca tuvieron intención de hacer héroes y mártires. En muchas ocasiones la persecución produjo resultados opuestos, elevando el prestigio de la nueva religión y atrayendo la atención hacia ella de círculos más dilatados.

            La contienda entre los paganos y los cristianos no se limitó, sin embargo, al reino donde el verdugo y el carcelero tenían la última palabra. Los antagonistas chocaban también en la esfera del argumento intelectual. Varios autores cristianos trataron de explicar a los paganos eruditos el fundamento de su creencia en la Encarnación. Entre estos defensores del cristianismo los más destacados fueron Clemente de Alejandría (150‑215)y Orígenes (185‑253).

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