EL Cister y su vinculación con la Orden del Temple

En tanto, más de dos años de tenaces combates serían necesarios para alcanzar las murallas de Jerusalén, la cuales, luego de un mes de asedio, fueron tomadas por asalto el 15 de julio de 1099. A modo de comentario, vale la pena añadir que cinco días antes de esta toma, moría en Valencia el guerrero castellano Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid Campeador. Mientras el ejército cruzado batallaba allá lejos, en marzo de 1098, un monje gentilhombre de Borgoña se trasladaba con un grupo de seguidores a un lugar inaccesible por lo salvaje, llamado Citeaux, (Cister en nuestra lengua) situado a unos 22 kilómetros al sur de Dijon, en búsqueda de mayor pobreza y una más estricta observancia de la regla de San Benito. Se trataba del que fuese Abad de San Miguel deTonnerre y luego abad-fundador del monasterio de Molesme. Alrededor del año 1100, al año siguiente al de la conquista de Jerusalén, Hugo de Payns integraba el séquito caballeresco de otro Hugo, el conde de Champagne, al que todo parece señalar que acompañó en 1104 en su peregrinación a Tierra Santa. Será este mismo conde Hugo I de Champagne quien generosamente, en julio de 1114, donará al Cister “el lugar de Claraval con todas sus pertenencias: Campos, prados, viñas, bosques y aguas”, donde se instalará el monasterio que tendrá por primer abad al joven Bernardo. Tanto la Orden del Cister como la del Temple coinciden en sus orígenes impregnados de una misma ambientación de Cruzada, como así también en hombres de una idéntica área geográfica dedicados al servicio divino, sin dejar de mencionar los vínculos familiares que unían por sangre a san Bernardo y Hugo de Payns. Tenemos entonces que el primer contacto de Bernardo con la nueva Orden está dado a través del conde Hugo I de Champagne, a quien para mas datos en el año 1125, dirige una carta felicitándole por profesar en la recientemente creada Orden del Temple, habiéndose convertido en un pobre soldado a través de sus votos de pobreza, obediencia y castidad, votos por los cuales el noble se desligara de todas sus posesiones y repudiara su matrimonio. La inequívoca toma de posición de San Bernardo a favor de la Nueva Milicia resonó en toda la cristiandad como un gran clarinazo de alistamiento, levantando oleadas de entusiasmo y provocando que muchos jóvenes ansiosos de servir, acudieran a enrolarse a las filas templarias. También numerosos caballeros se fueron alistando, mientras otros tantos luchaban en calidad de cruzados; hubo, asimismo, no pocos que debido a su edad o condición física estaban impedidos de cabalgar largas distancias y por ende, se sintieron impulsados a contribuir financieramente a tan colosal empresa mediante la entrega de bienes y heredades. Con el producto de estos donativos administrados celosamente por el Temple, se sostenía a los ejércitos que luchaban en Palestina. Luego del contundente apoyo de Bernardo con su De Nova Militia Christi sumado al respaldo del Concilio de Troyes, brotaron centenares de encomiendas Templarias en toda Francia, Flandes, Inglaterra, Escocia y la Península Ibérica. Es inconmensurable lo que el Temple debe a Bernardo de Claraval. Sin su poderosa ayuda, es probable que éste nunca hubiese pasado del grupo formado por los primeros nueve caballeros a cuya cabeza cabalgara Hugo de Payns. Revisemos la historia, profundicémosla y dediquemos a todos aquellos que brindaron su vida por una causa Superior, nuestra humilde disposición para continuar construyendo la ruta hacia la Jerusalén Celeste.

Por Sor+ Mary-su Sarlat, Caniller del GPTSBA. Tomado de la Revista Octogono del GPTC -http://chileordotempli.cl/

Para ampliar este tema los invitamos a ver un video esclarecedor haciendo clik AQUÍ 

Si desea leer o descargar "DE LA LOA A LA NUEVA MILICIA" de San Bernardo haga clik AQUÍ