La Tercia

POR VÍCTOR HUGO BASSINO

22 Jun 2014  En la estructura orgánica de la Orden del Temple, La Tercia, o Preceptoría, fue la unidad básica y se formaba con un mínimo de tres Hermanos.

 Bajo la tutela y responsabilidad de cada Hermano había otras personas, Escuderos (postulantes menores), Sargentos (postulantes mayores) y los sirvientes que eran contratados, o que voluntariamente se apegaban a los Caballeros. La fama de creación de riqueza y de buen trato dado a los subordinados, por parte de la Orden del Temple, era tal, que en plena época feudal y de vasallaje, la pugna por situarse junto a estos, y estar a su servicio, era grande.

¿Derivará el nombre de la calle La Tercia del establecimiento o estancia de la Orden en nuestro pueblo? Se puede pensar que si, y si alguien tuviera datos que nos hicieran pensar otra cosa, sería bueno conocerlos. ¿Podrían haber tenido su sede, su cuartel, en esa calle? Se sabe que en torno a cada Caballero solía formarse un grupo de hasta diez personas, por lo que si en Castro del Río se creó una Tercia de tres, cuatro, o cinco Caballeros, el grupo humano pudo ser considerable, de entre treinta y cincuenta personas. 

Cuando el número de Caballeros llegaba o superaba a nueve, la estructura pasaba a ser una Encomienda, y si de estas había tres o más cercanas entre ellas, territorialmente se agrupaban en una Bailía o Bailiazgo. Por encima estaba el Priorato, y en la cúspide el Priorato Magistral. En España hay pueblos, barrios, comarcas y sierras que llevan La Tercia como parte del nombre y que son claramente Templarios: barrios como el de la Tercia, en León; comarcas cómo La Tercia del Camino, o sierras como la de La Tercia. Pero no están en Andalucía, sino bastante más al norte. 

Sabemos que los lugares donde se asentaron o situaron los Templarios no fueron elegidos aleatoriamente, y es coherente pensar que si entre los muchos territorios tomados por Fernando III en sus campañas, la Orden del Temple eligió Castro del Río para asentarse, alguna razón de peso debió tener. En el lenguaje popular de nuestro pueblo se suele utilizar la palabra «tercio», o «tercia», para enaltecer, elogiar, resaltar, ... las cualidades, capacidades o aptitudes de las personas. 

A quien destacaba por fuerte, es un ejemplo, se le añadía que era «un buen tercio» cuando de esa cualidad se hablaba, y lo mismo se hacía cuando alguien sacaba buenas notas en sus estudios, o era capaz de beber mucho sin doblar, etc., etc. También parece que en la memoria popular quedan secuelas de ese Legado Templario, que no las han podido erradicar pese al ocultamiento, por eso seguimos utilizando eso de «... que buen tercio eres ...» Es como para alegrarnos de todo ello y como para sentirnos orgullosos de nuestro pasado Templario. 

La elección de los asentamientos de la Orden del Temple son resultado y consecuencia del conocimiento que tenían de la naturaleza y de las Leyes Cósmicas. Los Templarios creían imprescindible luchar para cambiar las cosas del mundo. El objetivo era llegar a una paz universal y acabar con las guerras y las injusticias, muchas de ellas cometidas por las religiones. Los Templarios tendrían asignada la función de guardianes de ese nuevo orden, pasando por encima del egoísmo de reyes y papas. 

Conociendo la verdadera vida, obras y enseñanzas de Jesús de Nazaret y las razones de su encarnación, así cómo el autentico origen del cristianismo, los Templarios rechazaron la Iglesia de Pedro y Pablo y se declararon Juanistas, de lo que dieron continuo testimonio. Algunas de las verdades históricas incuestionables son: que Jacques de Molay (último Gran Maestre) fue asesinado en 1314, aunque el Documento de Chinon aparezca datado en 1308; que una bula de ese papa, Clemente V, abolió la Orden; que los bienes y propiedades de la Orden fueron repartidos a la conveniencia del poder político y religioso; que los mensajes dejados en los Templos, proporciones, orientaciones, esculturas, capiteles, columnas, bóvedas, criptas ..., fueron convenientemente alterados por la jerarquía católica para que su mensaje y contenido, las enseñanzas en definitiva, no pudieran ser percibidos por los seres humanos; etc. etc. 

Fuente Templo de Salomon José Navajas Moreno