El Vaticano Sacrifico a los Caballeros Templarios

Pergamino de Chinon, encontrado en los archivos secretos del Vaticano.

 POR VÍCTOR HUGO BASSINO
 
3 Ago 2014
¿Ha absuelto el Vaticano a los templarios? La reciente publicación de un texto de Clemente V, fechado en agosto de 1308, en el que el Pontífice reconoce no ver signos de herejía en los célebres monjes-guerreros, ha despertado toda suerte de comentarios en la prensa internacional.

¿Por qué la Santa Sede ha decidido presentar una edición de ese texto al cumplirse setecientos años exactos del inicio de la persecución contra el Temple? La actitud del Archivo Secreto Vaticano no encierra, ni puede hacerlo, voluntad celebrativa ni reivindicativa alguna, como se ha dicho, respecto a los templarios. 

Con estas palabras el cardenal Sergio Pagano, prefecto del registro documental más importante del planeta, se desmarcaba de lo dicho este último mes por los grandes medios de comunicación respecto a una presunta absolución de la Orden del Temple por parte de la Iglesia. Y es que para la curia de Benedicto XVI no hay tal perdón. 

El pasado 25 de octubre, en una multitudinaria rueda de prensa celebrada a pocos metros de la Capilla Sixtina, este extremo quedó bien claro. El prefecto del Archivo Vaticano ofreció la postura oficial de la Santa Sede respecto a la represaliada orden de los monjes guerreros durante la presentación de una novedad editorial: una costosísima edición facsímil del llamado Folio de Chinon. La historia de este drama es universalmente conocida: el viernes 13 de octubre de 1307 Felipe IV mandó apresar a todos los templarios y confiscó sus bienes acusándolos de herejía. Se les recriminó que, durante sus ceremonias de ingreso a la Orden, los templarios obligaban a sus candidatos a escupir sobre un crucifijo y a renegar de Cristo. 

A ese pecado los hombres del Rey pronto añadieron cargos por los besos obscenos que los neófitos debían dar a sus superiores en partes impúdicas de su anatomía, así como por la adoración de un misterioso ídolo, una cabeza barbuda a la que llamaban Baphomet. Casi dos semanas más tarde, el 25 de octubre -setecientos años exactos antes de la rueda de prensa del cardenal Pagano-, Jacques de Molay, el último gran maestre del Temple, admitió ante una audiencia pública convocada por el Rey, en presencia de teólogos de la Sorbona, que esos cargos eran ciertos. El escándalo fue mayúsculo: la vanguardia de la Cristiandad se revelaba así como un nido de herejes. 

UN ESCANDALO DE SIETE SIGLOS 

Los templarios sufrieron un proceso penal que duró siete largos años y que concluyó con la quema en París del mismísimo Jacques de Molay y varios de sus hombres de confianza. Sus propiedades fueron repartidas entre el monarca y otras órdenes religiosas y los caballeros que escaparon a la persecución francesa terminaron refugiándose en cortes afines a ellos, como la aragonesa, para desvanecerse poco después de la Historia. Pero en todo este episodio faltaba por saber algo. Un oscuro documento, olvidado en los anaqueles del Archivo Secreto Vaticano, ha demostrado en pleno siglo XXI que Clemente V -el único, por cierto, que tenía jurisdicción sobre el Temple para disolverlo o procesarlo- no condenó jamás por herejes a esos caballeros.

 Y pese a ello, permitió su sacrificio. ¿Por qué? El documento en cuestión, redactado en el castillo de Chinon, en el Loire galo, ha pasado desapercibido a generaciones enteras de archivistas vaticanos. La culpa reside, en parte, en la parca descripción de su contenido que figuraba en los inventarios de la Iglesia. Sin embargo, en 2002 una joven oficial del archivo, Barbara Frale, se dio cuenta de que aquel texto que se había inventariado sin alusión alguna a los templarios debía de contener algo valioso. La sola mención de los nombres de Berenger Frédol, sobrino de Clemente V, del cardenal y hombre de confianza del Papa tienne de Suisy y del ex vicecanciller del rey Landolfo Braccaci, la pusieron en guardia. Y con razón. 

La doctora Frale, buena conocedora del proceso legal contra De Molay, sabía que esos tres hombres habían sido los que el Papa envió a París en el otoño de 1307 para aclarar ¿por qué el rey de Francia había ordenado detener a la orden más poderosa de la cristiandad? Que sus nombres aparecieran de nuevo citados meses más tarde en un pergamino pontificio sólo podía significar que ese documento también estaba vinculado a la caída del Temple. Y acertó. Al leer el pergamino de Chinon al completo, Frale se quedó de una pieza.

 Fue redactado por el Papa después de que un grupo de setenta prisioneros templarios le fueran enviados a su encuentro desde París para que pudiera entrevistarlos. En aquellos interrogatorios del verano de 1308 a Clemente V le quedó claro que sus confesiones les habían sido arrancadas mediante tortura y que la verdad que enmascaraban era muy sencilla de entender. Fuente : El Pergamino de Chinon y la Absolución de los Templarios, Santiago del Puerto

Jaques de Molay

Archivos del Vaticano.

Presentación publica del pergamino, en presencia de la Orden del Temple.