Breve sumario sobre la historia de la Orden

La Orden de los Caballeros Templarios vio por primera vez la luz en el año 1118, en tiempos de las Cruzadas, cuando Hugo de Payens acudió, junto a otros ocho caballeros, a la presencia del Rey de Jerusalén en aquel momento, Balduino II. Los notables caballeros se ofrecieron para proteger los caminos, en los cuales los peregrinos que acudían a la Ciudad Santa eran atacados por ladrones y asesinos. El rey accedió gustoso, y de inmediato los caballeros se dispusieron a cumplir con su cometido, bajo el nombre de los “Pobres Caballeros de Cristo”. Uno de sus primeros símbolos fue el de dos caballeros montando un solo caballo, signo que demostraba humildad y hermandad. El rey, contento con la labor, les dio un lugar dentro de lo que antiguamente había sido el Templo de Salomón. Con el correr del tiempo, el nombre de la Orden cambió por el de “Los Caballeros del Temple”, por ocupar un lugar en el mencionado Templo.

Los Caballeros Templarios utilizaban un manto blanco con una Cruz Roja sobre una cota de malla, una espada, un escudo, un yelmo, botas y espuelas de montar, pues casi siempre se los veía a caballo.

Diez años más tarde, Bernardo de Claraval (Conocido como San Bernardo), quien era uno de los más entusiastas promotores de esta Orden, fue quien redactó la primera Regla de la Orden del Temple (algo así como un reglamento de cómo debería comportarse y manejarse un Caballero Templario).

Como toda Orden de Caballería, los Templarios también respondieron a los principios,

que eran:

1. Creerás en lo que te enseñe la Iglesia y observarás todos sus mandamientos 2. Protegerás a la Iglesia 3. Tendrás respeto por todas las debilidades y te constituirás en su defensor 4. Amarás al país en el que has nacido 5. No retrocederás ante el enemigo 6. Harás a los infieles una guerra sin cuartel 7. Cumplirás exactamente tus deberes feudales, si no son contrarios a la Ley de Dios 8. No mentirás y serás fiel a la palabra empeñada 9. Serás generoso y liberal con todos 10. Serás siempre y por doquier, el campeón del derecho y del bien contra la injusticia y el mal.

 

Su marca civilizadora

Con el tiempo sus filas fueron creciendo, y aunque no todos lograran ser investidos finalmente como caballeros, los Templarios luchaban valerosamente contra los enemigos del Cristianismo tanto en Tierra Santa como en la Península Ibérica, y mantenían una paz algo “nueva” para Europa por aquel entonces, haciendo que el hombre común dejasen de pelear

contra sus hermanos como hasta entonces y cambiaran hachas y espadas por herramientas
para labrar la tierra, que pudieran acceder de una forma más fácil al conocimiento y, a crear
nuevas formas de transportar sus valores transfiriéndolos en lugar de llevarlos consigo por
aquellos inseguros caminos de la Europa Medieval. Cabe destacar que durante sus doscientos
años de esplendor, Europa jamás se vio asolada por hambrunas ni pestes. Además, se
encargaron de construir la gran mayoría de las catedrales e iglesias que pueblan Europa, así
como también innumerables castillos tanto en el viejo continente como en Medio Oriente.
Su doble condición de monjes-guerreros se hizo evidente. Monjes, en el sentido de la
oración, de buscar sus momentos con Cristo y por los tres votos que hacía un Templario, de
Obediencia, Pobreza y Castidad. Pero la misma Fe en Cristo era la que le daba a un Caballero Templario la fuerza necesaria para entrar en combate cuando llegaba la hora de la batalla.
Tanto la destreza con la espada, como la habilidad para combatir a caballo portando esas
armaduras, lo transformaban en alguien casi imbatible. De esa forma, quedaba creado un
nuevo modelo de caballero que reunía en sí las figuras del monje y del guerrero, atento tanto al trabajo espiritual como al terrenal.

 

 

¿Disolución?

Con el correr de los años, se sucedieron una serie de traiciones sobre la Orden, quizás por envidia o por ignorancia, que llevaron a la aparente disolución de la misma. Y, para sorpresa de quienes armaron semejante deslealtad, la Orden de los Caballeros Templarios nunca se disolvió. Pese a que tuvieron que pasar al anonimato, jamás descuidaron su función de acompañar y ayudar al hombre en su paso por la Tierra. ¿Cómo fue que se perpetuaron pese a su aparente disolución en el Siglo IV? Pues, los Caballeros Templarios continuaron su existencia en diversos ámbitos, y sus continuadores de hoy en día son sus herederos espirituales y procuran mantener vigentes los Principios y Valores de la Caballería Cristiana

En nuestros tiempos...

En la actualidad nuestra Orden Templaria tiene muchos Hermanos trabajando en todo el mundo, y nuestro Gran Priorato Templario San Bernardo de Argentina  no es para nada la excepción. En nuestro país  apadrinamos  seis escuelas, así como también ayudamos a gente sin recursos enviándoles ropa y alimentos . Los Templarios ya no andamos a caballo y la espada en alto, pues la hemos cambiado por el tesón y el ejemplo. Seguiremos hasta el fin de los tiempos acompañando a quien lo necesite, cumpliendo con nuestro destino, el que Cristo nos encomendó.

Sor++ Mary Su Moschini

Parte de nustros trabajos: http://cruzadasanbernardo.blogspot.com.ar/